Un viaje al fin del mundo (La Patagonia)

El escritor francés Julio Verne, en el siglo XIX, describía con su genio fantasioso la exploración del mundo en sus libros, y nuestra imaginación volaba igualmente tras la aventura. Crecimos con Viajes extraordinarios, Cinco semanas en globo, Viaje al centro de la tierra, Veinte mil leguas de viaje submarino, entre otros.

Un viaje al fin del mundo suena como una novela de Verne y no es para menos, puesto que estamos hablando de la región más septentrional del mundo fuera de la Antártida: La Patagonia, un lugar marcado por el paisaje, el viento y la aventura.

Mi propia exploración de 7 días en la Patagonia comenzaría en la ciudad de Calafate y terminaría en la ciudad de Ushuaia.

Argentina es un país enorme y al menos que se cuente con el tiempo para hacer el recorrido en auto, siempre está la alternativa de llegar vía área a esta región. Llegué a Calafate procedente de la ciudad de Córdoba escapando de temperaturas superiores a 35°C a finales de febrero. En Calafate encontré temperaturas cercanas a cero, pero con sensaciones térmicas bajo cero. Consejo: llevar prendas de invierno aun en verano y aplicar la estrategia cebolla, es decir, varias capas de ropa para adaptarse a los cambios de temperatura. En la Patagonia el clima es muy variable y en un solo día pueden coexistir las cuatro estaciones.

Desde el avión se alcanzaban a percibir ya los lagos glaciares y las imponentes cumbres nevadas de Los Andes. Las imágenes me hacían recordar los Alpes franceses y suizos, pero acá la inmensidad del paisaje marcaba la diferencia.

En Calafate me recibió un aeropuerto pequeño pero moderno. Hemos entrado al reino del viento y las nubes, que no son como las de mi natal Medellín. Las nubes se alargan al paso del viento patagónico.

Foto: Paisaje patagónico

Al día siguiente madrugamos al Parque Nacional de los Glaciares. Las ciudad está llena de agencias de turismo, así que no hay dificultad en encontrar una excursión.

Camino al parque la naturaleza nos muestra otra cara. La estepa patagónica es habitada por elegantes Guanacos que viven en libertad y sólo bajo la amenaza de pumas y zorros para los más pequeños. Caballos salvajes corren libres, armadillos se atraviesan por los senderos que caminamos, flamencos rosados buscan su alimento en los lagos acompañadas por aves zancudas, halcones vuelan buscando su presa y el rey de reyes, el cóndor nos observa desde las alturas, pero no es uno, son siete los cóndores que nos sobrevuelan. Nunca había visto tanto animal salvaje junto y en libertad.

Foto: Rebaño de Guanacos libres en la estepa patagónica

Foto: Zorros adolecentes camino al Parque de los Glaciares

El destino final del viaje al Parque Nacional de los Glaciares era visitar el Monte Fitz Roy o Chaltén, que con sus 3405 metros se impone majestuoso en el paisaje. Marca la frontera entre Chile y Argentina. Las cimas dan su espectáculo entre glaciares y nubes que a veces tapan caprichosamente su cumbre.

Foto: Monte Chaltén, parcialmente cubierto con las nubes

No pierdan la oportunidad de hacer algo de senderismo para apreciar la flora y los árboles que luchan contra el viento y los elementos en esta región del mundo. Caminando podrán llegar a miradores donde se obtienen excelentes avistamientos del Monte Chaltén.

Uno de esos senderos lo conducirá a una parada obligada: El Chorrillo del Salto. El agua proveniente de la montaña cae en cascada en mitad del bosque. Pueden tomar agua directamente de la cascada puesto que proviene de los glaciares.

Foto: Chorrillo del Salto

Finalizando el día regresamos a Calafate para disfrutar una buena cena antes de reponer energías. La trucha es especialmente recomendada en la región.

Al día siguiente estábamos impacientes por conocer una de las maravillas naturales de Argentina y del mundo. En años anteriores había conocido la Mer de Glace en los Alpes franceses, pero nada me hubiera podido preparar para el imponente espectáculo. Estamos hablando del Glaciar Perito Moreno, que a diferencia de muchos de sus hermanos, ha conservado su posición sin aparente retroceso durante el siglo XX.

Hay varias formas de conocer el Perito Moreno: haciendo trekking sobre el mismo glaciar, acercándose a su costado sur en un tour en barco o admirándolo desde las pasarelas que se encuentran justo ante él. Las pasarelas son obligadas y se puede invertir mínimo dos horas en recorrerlas, apreciando las imponentes panorámicas que brinda el glaciar. Con paciencia podrá observar el desprendimiento de grandes bloques de hielo que caen al Lago Argentino creando un estrepitoso sonido durante la caída.

Foto: Glaciar Perito Moreno visto desde las pasarelas superiores

En el tour en barco a la cara sur del Perito Moreno se podrá apreciar la majestuosidad de sus paredes y las formas caprichosas de los iceberg que se desprenden del glaciar.

La segunda etapa de nuestra exploración del fin del mundo tenía por destino la ciudad más austral del mundo: Ushuaia.

A esta se puede llegar por carretera atravesando Chile, por ferry, o por vía áerea que fue la opción que elegimos en nuestro caso, para aterrizar en un aeropuerto pequeño pero moderno y con todos los servicios.

Estar a latitud 54° sur es estar literalmente al final de toda carretera y esta se encuentra en el Parque Nacional Tierra del Fuego, el fin de la Ruta 3. Este parque es una visita obligada por los imponentes paisajes del único Parque Nacional Argentino que combina mar, valles y montañas. Contratando una de tantas agencias de turismo en la ciudad, se visitan puntos panorámicos en un recorrido de 68 km. Y se puede conocer el Tren del Fin del Mundo que era usado por los presos de la cárcel (la ciudad comenzó siendo un centro reclusorio) para la explotación forestal.

Foto: Tren del fin del mundo – Parque Nacional de Tierra del Fuego

En el parque también hay la posibilidad de visitar la oficina postal más austral del mundo y llevarse un souvenir en forma de sello en el pasaporte, así que no olvide llevarlo.

De regreso a la ciudad tomamos un tour para navegar el Canal Beagle. Hay que reservar medio día para esta actividad, por la mañana o por la tarde. Partiendo desde el puerto local, nos dirigimos rumbo a la Isla Alisa para avistar una colonia de lobos marinos y luego nos dirigimos hacia la Isla de los Pájaros donde habitan los cormoranes reales e imperiales. Luego nos encaminamos hacia la Isla de los Lobos donde hay ejemplares de uno y dos pelos. Estos animales eran la base del sustento de las comunidades patagónicas que habitaron estas tierras hasta los primeros años del siglo XX, cuando fueron exterminados por los colonos. Seguimos avanzando hasta llegar al faro Les Eclaireurs, legado francés de 1919 y que es símbolo de Ushuaia. La última estación es la pingüinera donde se pueden apreciar tres especies de pingüinos: magallánico, Rey y Papua.

FotoIsla de los Pájaros

Foto: Atardecer en el canal Beagle

Y de esta forma, lleno de imágenes exóticas y maravillosas, partimos rumbo al norte no sin antes reflexionar sobre lo delicado de estos ecosistemas y de cómo debemos aunar esfuerzos para garantizar que las futuras generaciones disfruten de estos regalos de la vida.

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