¡Viva Pasto, carajo!

En el mes de enero se celebra el Carnaval de Negros y Blancos en Pasto, uno de los eventos más coloridos del país. La aerolínea Satena viene impulsando este destino y promoviendo sus incontables atractivos. Hoy reproducimos un fragmento de un texto que originalmente fue publicado en la Revista Volar de Satena sobre este hermoso destino.

Por Marcela Beltrán Gómez

Fundado en 1539, San Juan de Pasto es la capital y principal centro administrativo y económico del departamento y recibe su nombre gracias al pueblo indígena de los Pastos, que en su lengua nativa traduce “gente de la tierra”. En sus calles, cada esquina respira una historia que los describe como un pueblo aguerrido y luchador, quienes durante la guerra de Independencia de la Nueva Granada fueron opositores a los ejércitos republicanos que transitaban el sur del país.

Quizá uno de los personajes más recordados por sus habitantes es Agustín Agualongo, un militar y caudillo mestizo que hizo parte del ejército real español y quien se enfrentó con Simón Bolívar en la Batalla de Ibarra en 1823.

Después de haber jurado proteger su tierra y de luchar por 13 años, fue traicionado y capturado en Popayán donde finalmente fue fusilado en 1824. Sus restos actualmente descansan en la Capilla Cristo de la Agonía, en el interior de la Iglesia de San Juan Bautista en la ciudad que siempre tuvo en su corazón.

Pasto mantiene una íntima relación con su cerro tutelar el volcán Galeras, que se ha mantenido en actividad por décadas: “Sabemos que él está ahí y que es un gigante que nos vigila”, cuenta una habitante que mira con respeto a la montaña. Documentos históricos como la Crónica del Perú, escrita por el español Pedro Cieza de León en 1547, dan cuenta de la majestuosidad del paisaje donde se asienta Pasto y de su cercanía con el volcán:

“En su cumbre hay un volcán, del cual algunas veces sale cantidad de humo, y en los tiempos pasados (según dicen los naturales) reventó una vez y echó de si muy gran cantidad de piedras.

Queda este volcán para llegar a la Villa de Pasto, yendo de Popayán como vamos, a la mano derecha. El pueblo está asentado en muy lindo y hermoso valle, por donde se pasa un río de muy sabrosa y dulce agua, y otros muchos arroyos y fuentes que vienen a dar a él.

Llámase este valle de Atrís; fue primero muy poblado, y ahora se han retirado a la serranía; está cercado de grandes sierras, algunas de montañas y otras de campiña”, narra el cronista en uno de los capítulos de su manuscrito. Quizá esa abundancia de agua y de tierras fértiles para el cultivo, propia de las tierras volcánicas, hizo que la actual capital de Nariño sentara sus cimientos en este valle. Hoy los habitantes conviven con este guardián día y noche; por su parte las autoridades locales, departamentales e incluso nacionales, monitorean la zona constantemente para verificar que el sueño de este gigante no se convierta en una pesadilla para su gente.

Pasto se caracteriza también por ser una de los lugares más religiosas del país, no en vano es conocida como “Ciudad Teológica de Colombia” debido a la gran cantidad de iglesias que hay en el centro histórico de esta capital. Desde su templo principal, la iglesia de San Juan Bautista, hasta la Iglesia de San Sebastián o mejor conocida como la Iglesia de la Panadería, con devoción a la Virgen del Rosario de la Panadería, desde antaño la religiosidad ha estado presente en la cultura pastusa, lo que la convierte en uno de los centros de fe más visitados del departamento y el país. Incluso algunos de estos templos presenciaron la violencia que se ensañó contra esta ciudad, como la Catedral de Pasto, también conocida como Catedral de San Ezequiel Moreno Díaz, que fue testigo de la Navidad Negra en 1822, cuando el ejército del libertador arremetió contra los pastusos quienes se resistían a abandonar la causa española. Durante este camino de muerte, el ejército comandado por Antonio José de Sucre asesinó a más de 500 pastusos entre mujeres, ancianos y niños, quienes en medio del fuego cruzado buscaban refugio en el templo que fue saqueado y profanado por los independentistas.

Fue tal la brutalidad del ataque que la Calle del Colorado, ubicada hoy entre la carrera 23 entre las calles 13 y 15 de Pasto, debe su nombre a los ríos de sangre que corrían cuesta abajo después de aquella fatídica noche.

La riqueza cultural es otra de las características de esta ciudad, famosa por su Carnaval de Negros y Blancos que se realiza durante los primeros días de enero. “Uno como pastuso puede vivir el carnaval de dos formas, como asistente o haciendo parte de las carrozas o comparsas. Ambas tienen un colorido único para nosotros”, cuenta un habitante. Hoy este carnaval, que en 2002 fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación, cuenta con un museo ubicado en el Centro Cultural Pandiaco, en el que reposan las carrozas más representativas y una colección de afiches y fotos que dan cuenta de la alegría que se vive durante esta festividad.

Satena vuela a Pasto desde Bogotá. Consultas en www.satena.com

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